En el templo

Enero 11, 2007 at 11:16 am (atmósferas)

Y es que sólo de pensarlo ya me canso. Recordar por un momento la oscuridad. Aquella noche con la luna teñida de negro, entre los árboles, la espesa vegetación y el tacto frío de las gotas de agua suspendidas en el aire, abrazándome a cada paso. Y de nuevo encender la luz, para que su caricia no me ahogue, no me inunde.

Me canso sólo de pensar en encender la luz y no verte a mi lado. Y seguir observando ese cuerpo desnudo que es el mío.

A veces me pregunto, ¿tú qué me das? Yo te tengo que invitar y tú, ¿qué me das? Me lo das todo y nada, supongo. A veces lo veo, otras lo ignoro. Mantengo la teoría de que todo depende de mi espina dorsal, de la tensión. Hay veces que no se pueden pensar las cosas con tranquilidad. En ese momento entra la paranoia, la esquizofrenia y todos los demás nombres que se les ocurran a estos hijos de puta que sólo ponen nombres a lo que reconocen en sí mismos. Y me encierran a mí, para encerrarse a ellos. Porque se tienen miedo. No, no a mí, sino a ellos.

Pero yo ya no soy como los demás. Yo ya no tengo miedo. Yo soy libre, porque en una noche que nunca te llegué a contar… En esa noche, descansé. Y en lo más profundo de aquel bosque, de altos árboles alzados como oscuras rejas, ellas volvieron a aparecer. Sí, las vi venir. No como las otras veces, que las intuía y me despertaba de un sobresalto. Esta vez no temí y permití que se acercaran. Eran criaturas extrañas. En realidad, no sé qué eran. Por eso nunca te lo llegué a contar. Y porque no tiene sentido darle importancia a los sueños, ¿no?

Nunca te lo dije, pero en una de esas noches de luna negra, me dejé guiar por esas sombras. Ellas me acogieron. Me acariciaban y me besaban todo el cuerpo. Después vino la segunda etapa. Aparecían también cuando estaba despierto. Tampoco te lo conté. No llegué a decírselo a nadie. De repente llegaban y me sentía cómodo en ellas, sin nadie más, sólo con ellas.

Ahora están todo el día conmigo, porque son mis amigas. El miedo ha pasado. Y sólo de pensar en él, ya me canso.

Me gusta estar en este templo, caminar por sus habitaciones y no abrir nunca las ventanas. Me gusta estar aquí y ha sido mi elección. Ya sé que no puedo salir, ¿crees que soy tonto?, sé que estos cabrones no quieren que salga. Pero yo decidí entrar. Sí, fue mi decisión. Y ahora yo estoy aquí, y tú, ahí fuera. Estás ahí, y sólo de pensar en ti, ya me canso.

2 comentarios

  1. argu dijo:

    Moi fermoso.

  2. mgp dijo:

    Gracias Argu!
    Me alegro de que te mole…

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